hermosillo crisis comercial

Algo está pasando con los negocios locales en Hermosillo. Cada vez resulta más común entrar a Instagram y encontrarse con una publicación de despedida: agradecimientos, fotografías de los mejores momentos y el anuncio de que llegó la hora de cerrar las puertas.

Hablamos del negocio del conocido del conocido, del primo de un amigo, de la pareja que juntó sus ahorros, del cocinero que finalmente se animó a independizarse o de la familia que decidió apostarle a una cafetería, tienda o palapa.

Gente que sí le entró con ganas. Que acondicionó un local, compró equipo, contrató empleados, abrió sus redes sociales y organizó una inauguración con toda la ilusión. Pero apenas unos meses después terminó tirando la toalla.

Tampoco hablamos de esos establecimientos rodeados de sospechas, que aparecen de la nada, permanecen vacíos y un día desaparecen sin dar explicaciones. Cuando esos cierran, muchas veces ni siquiera lo anuncian.

Aquí hablamos de personas que verdaderamente invirtieron dinero, tiempo y trabajo con la intención de construir algo. Por eso cada cierre pega distinto. Detrás quedan ahorros perdidos, deudas, proveedores pendientes, empleos que desaparecen y otro local vacío esperando al siguiente emprendedor.

Una mirada desde el marketing

Este análisis está hecho desde el marketing y desde lo que podemos observar como consumidores. No pretende explicar las finanzas particulares de cada negocio ni determinar desde afuera por qué cerró cada uno.

Para conocer esa parte necesitaríamos revisar ventas, costos, deudas, márgenes y decisiones administrativas. Esa es otra conversación y solamente cada propietario conoce la realidad completa de su empresa.

Aquí estamos hablando de lo que sí podemos mirar: negocios demasiado parecidos, marcas que no comunican una diferencia, inauguraciones llenas que no se convierten en clientes recurrentes y empresas que continúan operando como si bastara con abrir un local, publicar en Instagram y esperar a que llegue la gente.

Desde el marketing, la señal parece clara: hay demasiados negocios compitiendo por los mismos consumidores, con ofertas muy similares y pocas razones para elegir uno sobre otro.

Cierran negocios, pero siguen apareciendo cafeterías

Mientras unos bajan la cortina, Hermosillo sigue llenándose de cafeterías. Abre una aquí, otra dos cuadras más adelante y otra dentro de una plaza donde ya había dos. Llegó un punto en el que hasta lo tomamos a cura: parece que cada semana alguien anuncia un nuevo café.

Una cosa no contradice a la otra. Juntas exhiben la facilidad con la que estamos abriendo negocios y la dificultad para mantenerlos vivos.

Claro que puede existir espacio para nuevas cafeterías. El problema comienza cuando todas parecen la misma con diferente nombre.

Mismo menú, mismos vasos, mismos colores neutros, mismos sillones, mismos espejos y hasta el mismo rincón diseñado para tomarse una fotografía. Cambia el logotipo, pero cuesta trabajo encontrar una ventaja verdadera para el consumidor.

¿Cuál tiene mejor café? ¿Cuál ofrece algo que no encuentro en otra parte? ¿Cuál es más rápida, cómoda o accesible? ¿Por qué debería regresar precisamente a esa cafetería cuando tengo muchas opciones alrededor?

En bastantes casos, esas preguntas ni siquiera fueron respondidas antes de abrir.

Ser bonito ya no alcanza

Muchos emprendedores invierten en decoración, mobiliario, identidad gráfica y una buena inauguración aesthetic. Todo eso importa, pero difícilmente puede sostener por sí solo la operación de un negocio.

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La apertura se llena. Todo mundo quiere conocer el lugar nuevo. Durante algunas semanas aparecen historias, recomendaciones e influencers sosteniendo el mismo vaso frente al espejo.

Después llega la verdadera prueba: conseguir que esas personas regresen cuando el establecimiento dejó de ser novedad.

Una cafetería no puede vivir de que cada hermosillense la visite una sola vez. Necesita clientes recurrentes, buena operación y una razón clara para ser elegida entre tantas alternativas.

En un mercado saturado, tener un lugar bonito dejó de representar una ventaja competitiva. Ahora es apenas el requisito de entrada.

Los negocios consolidados también batallan

Sería muy fácil responsabilizar únicamente a quienes abrieron sin experiencia, copiaron un concepto o calcularon mal. La realidad también está alcanzando a negocios locales que hicieron muchas cosas bien.

En Hermosillo existen marcas que llevan años operando, lograron entrar al top of mind del consumidor y crecieron hasta tener dos o tres sucursales. Desde afuera parecen historias completamente resueltas: tienen reconocimiento, clientes frecuentes y una marca que la ciudad ya identifica.

Cuando platicas con algunos de sus dueños, aparece otra realidad. También se las están viendo negras.

Los insumos aumentaron, las rentas subieron, la electricidad pesa más y mantener una nómina representa una presión constante. Del otro lado está un consumidor que también cuida su dinero. Aumentar los precios tiene un límite porque llega un momento en el que la gente reduce la frecuencia con la que sale a comer, compra un café o se da ciertos gustos.

Ahí aparece una diferencia importante: vender no necesariamente significa ganar dinero. Un establecimiento puede verse lleno, mover bastante producto y tener varias sucursales sin que eso se traduzca automáticamente en una utilidad saludable.

Los negocios nuevos batallan para generar clientes recurrentes. Los consolidados ya los tienen, pero cada vez les cuesta más convertir esas ventas en utilidad.

El consumidor ya juega con otras reglas

A esta situación hay que agregarle la tecnología. Las aplicaciones de entrega facilitaron pedir comida sin salir de casa, mientras Amazon, Mercado Libre, Temu y otros marketplaces permiten comparar productos, precios y tiempos de entrega desde el teléfono.

Para el consumidor es una maravilla. Para el empresario local representa competir contra más opciones, promociones permanentes y plataformas con una capacidad tecnológica difícil de igualar.

Este tema merece su propio análisis porque incluye comisiones, logística, precios, hábitos de consumo y la relación que las plataformas mantienen con los clientes. Lo vamos a platicar en otra ocasión.

Por ahora basta con entender algo: el consumidor cambió y el negocio local necesita cambiar con él.

La tecnología también está al alcance del emprendedor

Un comercio local difícilmente tendrá la infraestructura de Amazon o Mercado Libre, pero actualmente puede utilizar herramientas que hace algunos años solamente estaban al alcance de las grandes empresas.

La inteligencia artificial puede ayudarle a organizar procesos, ahorrar tiempo, reducir ciertos gastos, preparar campañas, mejorar la atención, analizar comentarios de clientes y encontrar oportunidades dentro de su operación.

La oportunidad va mucho más allá de pedirle a ChatGPT que escriba tres publicaciones para Instagram. La inteligencia artificial puede incorporarse a ventas, inventarios, servicio, seguimiento de clientes, promociones y toma de decisiones.

También es momento de aprender a trabajar con datos.

sonora restaurantes inteligencia artificial

¿Cuántas personas compraron? ¿Cuántas regresaron? ¿Qué productos se venden más? ¿Qué días baja el movimiento? ¿Qué promoción produjo clientes y cuál solamente regaló descuentos? ¿Cuánto tiempo pasa entre una compra y la siguiente?

Cada venta genera información, pero muchos negocios siguen tomando sus decisiones únicamente por intuición.

Incluso hay comercios con miles de seguidores en Instagram que no cuentan con una base de datos propia. Pueden alcanzar a mucha gente, pero no necesariamente saben quién compra, con qué frecuencia regresa o qué productos prefiere.

Las redes sociales sirven para atraer atención. El negocio también necesita construir canales propios mediante WhatsApp, correo electrónico, programas de lealtad, reservaciones o sistemas de pedidos directos.

La tecnología, la inteligencia artificial y los datos no van a rescatar por arte de magia un concepto repetido ni van a sustituir un buen producto. Sí pueden ayudar a operar con mayor rapidez, conocer mejor al consumidor y reaccionar antes de que los problemas crezcan.

Abrir es apenas el comienzo

Hermosillo necesita personas dispuestas a emprender, pero también negocios con una diferencia reconocible, una estrategia para generar recurrencia y la capacidad de adaptarse a un consumidor que ya cambió.

Apoyar lo local ayuda, pero no puede ser el plan comercial completo. El consumidor puede visitar un negocio por solidaridad una vez. Para regresar necesita calidad, servicio, consistencia y valor por su dinero.

Abrir las puertas es relativamente sencillo. La verdadera chinga consiste en construir una razón para que la gente regrese, utilizar mejor la información y adaptarse antes de que llegue el momento de publicar el mensaje de despedida.

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