Nos hemos acostumbrado a decir que no nos alcanza el tiempo. La inteligencia artificial no va a cambiar las 24 horas del día, pero sí puede cambiar radicalmente lo que somos capaces de hacer dentro de ellas. Y quizá ese sea un buen motivo para dejar de verla desde lejos y empezar a convivir con ella.
“No me alcanza el día”.
¿Cuántas veces lo decimos?
Entre trabajo, familia, pendientes, ejercicio, compras, correos, juntas, tráfico, pagos y las otras veinte cosas que aparecen sin avisar, pareciera que necesitamos días de 30 horas.
No los vamos a tener.
Pero estamos entrando en una época en la que quizá podamos necesitar menos horas para hacer muchas de las mismas cosas.
Ahí es donde la inteligencia artificial empieza a ponerse interesante.
No se trata de que la IA haga todo por ti
Hay una resistencia entendible hacia la inteligencia artificial.
Que si las fotos hechas con IA. Que si alguien la utilizó para hacer una tarea. Que si un texto lo escribió ChatGPT. Que si nos estamos volviendo huevones. Que si eventualmente nos va a quitar el trabajo.
Y algunas de esas discusiones son completamente válidas.

El problema es confundir el mal uso de una herramienta con la herramienta misma.
Porque utilizar inteligencia artificial no necesariamente significa dejar de pensar. Bien utilizada puede significar exactamente lo contrario: quitarte trabajo mecánico para darte más tiempo para pensar.
Ahí está, para mí, la diferencia.
Empieza por tu propia casa
Cuando hablamos de tecnología en el hogar pensamos inmediatamente en una cafetera que se enciende sola, Alexa apagando las luces o una freidora que podemos programar desde el celular.
Eso es automatización y claro que ahorra tiempo.
Pero podemos ir bastante más lejos.
Imagina ir registrando durante el mes tus gastos, ingresos, pagos, compromisos y objetivos. Cuando llegue el momento de organizar el presupuesto familiar ya no tienes que comenzar desde cero.
Puedes preguntar:
¿Cómo cerramos este mes?
¿En qué estamos gastando más?
¿Qué pagos vienen?
¿Cuánto podríamos ahorrar?
¿Podemos hacer esta compra sin desacomodar todo lo demás?
La IA no tiene por qué tomar la decisión por ti.
Puede ayudarte a llegar mucho más rápido a la información que necesitas para tomarla tú.
Lo mismo puede suceder para organizar las comidas de la semana, preparar un viaje, entender un documento, crear una rutina de ejercicio, estudiar algo nuevo o ayudar a tus hijos con un tema que tú mismo necesitas comprender primero.
El ahorro de tiempo no está solamente en hacer las cosas más rápido.
También está en no tener que comenzar de cero cada vez.
En el trabajo la cosa se pone todavía más interesante
Yo trabajo principalmente en ventas, relaciones públicas, patrocinios y generación de negocios.
Gran parte de mi operación pasa por un CRM.
Y estoy haciendo algo que todavía está en proceso: alimentar poco a poco la información de empresas, contactos, conversaciones, intereses, respuestas y oportunidades para que eventualmente toda esa información me ayude a tomar mejores decisiones.
Pero hay cosas que ya puedo automatizar.
Por ejemplo, enviar una comunicación a una base de datos y generar diferentes seguimientos dependiendo de quién abrió, quién mostró interés o en qué segmento se encuentra.
Antes alguien tenía que recordar muchas de esas cosas y ejecutarlas una por una.
Ahora una parte del proceso puede ocurrir mientras yo estoy haciendo algo en donde realmente necesito estar: hablando con alguien, negociando, entendiendo una necesidad o construyendo una relación.
Porque automatizar no significa desentenderte.
Significa dejar de gastar tiempo recordando y ejecutando cosas que una máquina puede recordar y ejecutar por ti.
La IA probablemente no sustituya primero profesiones. Sustituirá tareas.
Este punto me parece fundamental.
Pensemos en un vendedor.

La relación humana sigue importando. Hay que escuchar al cliente, interpretar sus objeciones, entender cuándo insistir, cuándo hacerse a un lado, negociar y generar confianza.
Pero alrededor de esa relación existen decenas de tareas.
Investigar al prospecto. Ordenar información. Preparar una propuesta. Registrar una conversación. Redactar un seguimiento. Revisar datos. Comparar antecedentes.
Muchas pueden hacerse cada vez más rápido con inteligencia artificial.
Y esto no solamente aplica a ventas.
Puede ocurrir en una institución financiera, una fábrica, una dependencia de gobierno, un hospital, una escuela, una empresa aeronáutica o una casa.
La pregunta entonces empieza a cambiar.
Ya no es solamente:
¿Qué sé hacer?
También será:
¿Qué sé resolver?
Y ahí viene un tema todavía más grande: nuestros hijos
Los adultos estamos aprendiendo inteligencia artificial.
Las nuevas generaciones probablemente simplemente crecerán con ella.
Esa diferencia puede ser enorme.
Para ellos conversar con una IA, investigar con ella, crear, analizar información o automatizar determinadas tareas podría terminar siendo tan normal como para nosotros utilizar Google.
Por eso quizá también tengamos que replantearnos algunas de las habilidades que consideramos indispensables.
No significa dejar de enseñar conocimientos técnicos. Para utilizar bien una herramienta necesitas entender lo que estás haciendo.
Pero conforme determinadas tareas sean realizadas o asistidas por máquinas, otras habilidades humanas pueden adquirir todavía más importancia.
Criterio. Curiosidad. Comunicación. Creatividad. Negociación. Empatía. Capacidad para relacionarnos. Hacer buenas preguntas. Y, sobre todo, resolver problemas.
Quizá el valor profesional del futuro no esté únicamente en ejecutar perfectamente una tarea, sino en saber qué hacer cuando aparece una situación para la que todavía no existe una instrucción.
No necesitas convertirte en experto. Necesitas empezar.
Puedes utilizar IA para tus fotos de Instagram.
Para organizar tus comidas.
Para tu entrenamiento.
Para estudiar.
Para redactar un correo.

Para entender un contrato.
Para organizar información.
Para trabajar con tus hijos.
Para analizar algo de tu empresa.
Da igual por dónde empieces.
Porque mientras la utilizas para pequeñas cosas sucede algo más importante: aprendes a convivir con ella.
Aprendes qué preguntarle. Qué información darle. Qué hace bien. Dónde se equivoca. Cuándo verificar. Qué jamás deberías delegarle y en qué cosas puede ahorrarte una cantidad absurda de tiempo.
No se trata de entregarle nuestra vida a una máquina.
Se trata de entender que tenemos una herramienta nueva y que aprender a combinarla con nuestras propias habilidades empieza a ser parte de mantenernos vigentes.
Este artículo también es un ejemplo
La idea, las experiencias, los ejemplos y la postura que estás leyendo nacieron de una persona.
Pero para organizar todo eso, encontrar una estructura, desarrollar las ideas y convertirlas en el artículo que estás leyendo utilicé inteligencia artificial.
Podría haberme tomado horas.
Me tomó mucho menos.
Y eso no hizo que tuviera una hora menos de trabajo.
Me dio una hora más para otra cosa.
Quizá ahí está una de las maneras más sencillas de entender lo que viene.
Durante años hemos dicho que necesitamos más horas en el día.
La inteligencia artificial no nos las va a dar.
Pero bien utilizada, puede empezar a devolvernos algunas.


