El rugido que se escuchó en la Arena Sonora

El sábado me tocó trabajar en Cuentas Pendientes desde varios frentes al mismo tiempo.

Por un lado, estuve apoyando en la coordinación de proveedores de alimentos y bebidas. Por otro, me tocó atender a algunas de las marcas patrocinadoras del evento, una labor que siempre requiere estar atento a cualquier necesidad, solicitud o detalle que pueda surgir durante la función.

Eso significó que pasé gran parte de la noche entrando y saliendo de la Arena Sonora.

A veces estaba en los pasillos.

A veces en el área comercial.

A veces con proveedores.

Y cuando podía, me escapaba algunos minutos para ver parte de las peleas.

Esa dinámica me permitió vivir el evento desde una perspectiva diferente.

No estaba sentado viendo una cartelera completa. Estaba observando cómo funcionaba todo el ecosistema que existe alrededor de una función de box.

Y hubo algo que me llamó mucho la atención.

El ruido.

Durante varios momentos de la noche la Arena Sonora rugió.

No hablo de aplausos normales. Hablo de esos gritos colectivos que nacen cuando miles de personas reaccionan al mismo tiempo. Un golpe que conecta. Una combinación que prende al público. Un momento que hace que toda una arena se levante de su asiento.

El sonido se escuchaba incluso desde las zonas donde estábamos trabajando.

Atravesaba pasillos, accesos y áreas de servicio.

Cada vez que ocurría, quienes estábamos afuera sabíamos que algo importante acababa de pasar arriba del ring.

Y fue ahí donde pensé algo que tenía tiempo sin pensar.

Hace mucho que no escuchaba a la Arena Sonora reaccionar de esa manera.

No era solamente una función de box.

Era una experiencia conectando con la gente.

La pelea estelar entre Jandell Caballero y Mavie Rodríguez terminó de confirmar esa sensación. Al concluir la función comenzó la salida natural de los asistentes. Lo que observé no fueron personas apresuradas por llegar a casa.

Vi grupos platicando.

Vi gente comentando los momentos de la noche.

Vi amigos repasando las peleas mientras se tomaban una cerveza afuera.

Vi satisfacción.

Y mientras observaba todo eso, también pensaba en algo relacionado con mi trabajo.

Durante años me ha tocado participar en la comercialización y activación de patrocinios deportivos. He visto cientos de presentaciones comerciales, propuestas, métricas, alcances digitales y argumentos de venta.

Todo eso es importante.

Pero pocas cosas generan más confianza para una marca que ver una arena llena con sus propios ojos.

Porque una cosa es leer un número en una presentación.

Y otra muy distinta es sentir la energía de miles de personas reunidas alrededor de una experiencia.

Estoy convencido de que el lunes por la mañana hubo empresas que vieron fotografías, videos y comentarios del evento y sintieron una sensación bastante conocida en el mundo del marketing.

FOMO.

Ese pensamiento que aparece cuando una marca observa una plataforma creciendo y se pregunta:

“¿Y nosotros por qué no estábamos ahí?”

Y es completamente normal.

Las primeras marcas suelen apostar cuando todavía existe incertidumbre.

Las siguientes observan.

Las demás llegan cuando ya no quieren quedarse fuera de la conversación.

Por eso creo que Cuentas Pendientes 2 deja una enseñanza interesante más allá de los resultados deportivos.

Demuestra que en Hermosillo existen comunidades dispuestas a reunirse alrededor de experiencias bien ejecutadas.

Demuestra que todavía hay espacio para nuevas plataformas de entretenimiento.

Y también demuestra algo que a veces pasamos por alto: detrás de una gran noche suele existir una enorme cantidad de trabajo invisible.

Sería injusto cerrar esta reflexión sin reconocer el trabajo realizado por Coliseo Promotions y todo el equipo involucrado en la producción de Cuentas Pendientes.

Porque llenar una arena es difícil.

Pero lograr que la gente salga contenta es todavía más complicado.

La logística, la producción, la operación, la atención a patrocinadores, la experiencia de los asistentes y cada uno de los detalles que el público muchas veces no alcanza a ver fueron construyendo una noche que terminó conectando con miles de personas.

Los asistentes vieron las peleas.

Quienes hemos trabajado en eventos también alcanzamos a ver el trabajo que hubo detrás de ellas.

Y cuando ambas cosas se alinean, suelen ocurrir noches como la del sábado.

Jalados, pues…


Descubre más de Oye Yulai!

Suscríbete para recibir las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in

Dejar un comentario

Descubre más de Oye Yulai!

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo