La moda termina donde empiezan los 45 grados

Hay discusiones que solamente tienen sentido en Hermosillo.

Una de ellas es la moda, pero siendo más puntual, en la eterna alegata sobre las famosas camisas tipo Maja, Columbia, Magellan y todas las variantes que han aparecido alrededor de ellas. Basta que alguien publique una foto usando una para que inmediatamente aparezcan dos bandos perfectamente definidos. De un lado están quienes las defienden como si fueran patrimonio cultural del sonorense que se respeta. Del otro están quienes las consideran el uniforme oficial del vato que ya se rindió ante la moda y solo se sube al mame.

Y la neta, entiendo un poco a ambos.

Porque si me preguntan exclusivamente por estética, nunca han sido mis prendas favoritas. No es la camisa que veo y pienso: “qué chingona se ve”. Tampoco es la primera imagen que me viene a la cabeza cuando pienso en moda de hombres. Sin embargo, también me ha tocado usarlas y ahí fue donde entendí por qué generan tanto debate. Como muchas cosas en Hermosillo, estas camisas solamente se entienden cuando las pruebas en las condiciones para las que fueron diseñadas.

La realidad es que vivimos en una ciudad donde el calor condiciona prácticamente todo. Condiciona los horarios en los que haces ejercicio, la hora en la que sacas a pasear a los perros, la cantidad de agua que consumes y también la ropa que utilizas. Muchas tendencias de moda masculina que vemos en redes sociales vienen de lugares donde existen estaciones del año claramente definidas. Te hablan de sobrecamisas, de chamarras ligeras, de capas, de mezclilla gruesa y de prendas pensadas para temperaturas bastante sabrosas. Todo se ve espectacular en las fotografías. El problema es que muchas de esas recomendaciones parecen hechas por personas que jamás han intentado caminar un estacionamiento de cualquier Walmart en Hermosillo a las cuatro de la tarde durante junio.

Aquí la conversación suele ser distinta. Antes de preguntarnos si algo está de moda, normalmente nos preguntamos si vamos a sobrevivir el trayecto del carro a la oficina sin llegar empapados en sudor. Por eso las prendas técnicas han encontrado un espacio tan importante en ciudades como la nuestra. No necesariamente porque sean las más bonitas, sino porque cumplen una función muy específica que para nosotros tiene muchísimo valor.

De hecho, durante años pensé que todas esas camisas eran prácticamente iguales. Al final del día, desde lejos parecen variaciones de la misma fórmula: manga larga, bolsas al frente, ventilaciones y telas ligeras. Luego me tocó usar tanto las originales como las versiones económicas que muchas empresas compran para bordarles un logotipo corporativo y descubrí que no tienen absolutamente nada que ver unas con otras. Las versiones económicas cumplen con verse parecidas. Las originales cumplen con mantenerte fresco. Y la diferencia se nota más rápido de lo que uno imagina.

Hay detalles que parecen insignificantes cuando estás en una tienda con aire acondicionado. La calidad de la tela, la forma en que circula el aire, la capacidad para expulsar la humedad o la ligereza de los materiales no llaman demasiado la atención cuando estás viendo la prenda en un gancho. Pero cuando llevas varias horas bajo el sol de Sonora, esos detalles dejan de ser detalles y se convierten en la razón por la que una camisa termina guardada en el clóset o convertida en tu favorita para ciertas ocasiones.

Y justamente ahí es donde la historia se vuelve interesante. Porque mientras medio internet debatía si estas camisas eran elegantes o no, una marca mexicana estaba a punto de recibir una de las campañas de publicidad más valiosas de su historia sin gastar un solo peso en ella.

La vez que Usain Bolt puso los ojos sobre una marca mexicana

Si alguien hubiera presentado esta historia en una junta de marketing, probablemente muchos habrían pensado que era demasiado buena para ser verdad.

Usain Bolt, considerado por muchos el atleta más poderoso de todos los tiempos, apareció durante unas vacaciones en Los Cabos utilizando una camisa Maja. No fue una campaña internacional. No hubo un contrato multimillonario. No se trató de una colaboración planeada durante meses. Simplemente apareció usando una prenda que le resultó útil en un destino turístico famoso precisamente por el calor, el sol y la pesca deportiva.

Las fotografías comenzaron a circular y lo que vino después fue exactamente lo que ocurre cuando internet encuentra algo inesperado. Comentarios, memes, publicaciones, orgullo regional y miles de personas sorprendidas al descubrir que una marca que muchos asociaban con pescadores, vaqueros o con loquitos que viven en el desierto aparecía de utilizada por una figura reconocida a nivel mundial.

Lo más interesante es que la viralidad no llegó porque Maja intentara parecer una marca internacional. Llegó porque hizo muy bien aquello para lo que fue creada. Mientras muchas empresas persiguen tendencias, copian campañas extranjeras o intentan parecer algo que no son, Maja construyó una reputación entendiendo perfectamente a su cliente. Entendió el calor. Entendió el sol. Entendió las necesidades de las personas que pasan horas al aire libre. Entendió que para mucha gente una camisa no es únicamente una cuestión estética, sino una herramienta para trabajar, viajar o simplemente soportar mejor ciertas condiciones climáticas.

Y creo que ahí existe una lección interesante que va mucho más allá de la ropa. Vivimos en una época donde parece que todo tiene que verse espectacular para ser exitoso. Las redes sociales nos han acostumbrado a perseguir tendencias constantemente. El corte italiano de la barba. Los tenis On Cloud. La rutina del momento. La dieta del momento. La marca del momento. Sin embargo, muchas veces las cosas que realmente permanecen son aquellas que resuelven un problema concreto mejor que las demás.

Tal vez por eso esta historia me parece tan interesante. Porque en el fondo no habla únicamente de una camisa. Habla de identidad. Habla de adaptación. Habla de entender a quién sirves y qué necesidad estás resolviendo. Habla de cómo una marca mexicana logró volverse viral sin siquiera pensarlo.

Y también habla un poco de nosotros.

Porque conforme pasan los años, muchos hombres dejamos de perseguir ciertas tendencias para empezar a valorar otras cosas. La comodidad. La funcionalidad. La calidad. La confianza de usar algo porque nos sirve, no porque alguien más nos dijo que estaba de moda. Tal vez las camisas tipo Maja nunca aparezcan en una pasarela de Milán ni se conviertan en referencia de alta costura. Probablemente tampoco sean la primera opción para una boda elegante o una cena de gala. Pero después de vivir varios veranos en Hermosillo, de probar versiones originales y genéricas, y de entender para qué fueron creadas, puedo decir algo con bastante seguridad.

Puede que no sean las camisas más bonitas del mundo.

Pero vaya que entienden perfectamente el lugar donde viven sus clientes.

Jalados, pues…


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