• Noche Suprema: Mañana se define de qué tamaño viene esto

    Seguro ya has visto algo de esto por ahí.

    Has visto nombres, algunos creadores de contenido, la idea general de que hay box, que hay show, que hay música. Con eso ya te das una idea de por dónde va, porque este formato no es nuevo y ya ha funcionado en otros lados.

    Hasta ahí, todo claro. Lo que todavía no está claro es el tamaño real de esto.

    Porque una cosa es saber que hay peleas, creadores y entretenimiento, y otra muy distinta es entender cómo viene armado todo eso junto, qué tanto peso trae cada parte y qué tan bien está construido el evento completo.

    Aquí hay un dato importante.

    Esto lo están moviendo Coliseo Promotions, Sonhoro Records y Play Producciones. Tres equipos que ya traen experiencia y que entienden cómo conectar espectáculo, contenido y negocio dentro del mismo formato.

    Eso cambia la conversación.

    Porque ya no estás viendo un intento, estás viendo algo que viene estructurado desde el inicio, con intención clara y con capacidad de ejecución.

    Ahora falta verlo completo.

    Y eso es lo que se va a empezar a definir mañana a partir de las 18:30 horas (Sonora) a través de su canal oficial de YouTube.

    La rueda de prensa no es solo presentación. Es el primer momento donde se baja todo a tierra: quiénes van, cómo van a participar, qué más se suma, qué tipo de entretenimiento se está integrando y, sobre todo, qué tan fuerte viene el paquete completo.

    Hasta ahorita hay piezas sueltas.

    Se sabe que habrá peleas entre creadores, box profesional, música en vivo y presentaciones importantes, pero todavía falta ver cómo se conecta todo eso y quiénes terminan de completar el cartel.

    Ahí es donde cambia la lectura.

    Porque cuando ya veas el paquetón completo, es cuando realmente vas a dimensionar el evento, entender qué tipo de público va a mover y, desde el lado comercial, ver dónde hace sentido participar y cómo.

    Esto no se trata solo de asistir.

    Se trata de entender qué se está armando y qué oportunidad hay alrededor.

    Mañana es ese primer filtro.

    Ahí es donde deja de ser expectativa y empieza a verse claro de qué tamaño viene esto.

    Si te hace sentido ir viendo esto desde ahorita, antes de que todo se acomode, mándame un WhatsApp al 662 405 8914 y lo platicamos con calma. Sin presión, nada más para ver si hay forma de sumarse y armar algo que tenga sentido para todos.

    Nos seguimos leyendo…

  • ExpoGan: 60,000 asistentes… ¿y ahora qué chingados sigue?

    La experiencia, las marcas y la visión interna es lo que va a definir si juega al siguiente nivel

    Te lo digo como si estuviéramos sentados en unos tacos de carne asada, con una cheve doble en la mano y viendo gente bailar alrededor del kiosko. La ExpoGan viene haciendo las cosas bien desde hace varios años, sobre todo después de la pandemia. Agarró vuelo, se siente en las activaciones en cruceros previas, en la cantidad de gente, en el ruido que genera y en cómo se volvió un punto obligado en la región. Ya no es cualquier feria, ya es una referencia fuerte en el noroeste.

    Pero justo por eso es donde empieza la conversación incómoda, esa que casi nadie quiere poner sobre la mesa. La ExpoGan ya creció todo lo que tenía que crecer bajo el modelo actual. Lo que sigue no es meter más gente ni más stands, lo que sigue es entender qué haces con todo ese crecimiento, porque si no lo ordenas, tarde o temprano se te convierte en problema.

    Cuando entras a la Expo te das cuenta rápido de algo que afuera no se nota tanto. Caminas unos metros y empiezas a ver lo mismo una y otra vez. Stands muy parecidos, comida repetida, dinámicas que no cambian mucho. Hay mucha oferta, pero poca diferenciación, y eso termina saturando la experiencia. No es que esté mal, simplemente ya no alcanza para el nivel de evento en el que se convirtió.

    Ahí es donde entra una idea que no es cómoda, pero es necesaria. Hay que empezar a quitar “pesitos” para darle entrada a “pesotes”. No estoy diciendo desaparecer al pequeño ni matar la esencia de feria, porque eso sería un error. La comida, los juegos, los puestos clásicos, todo eso es parte del ADN del evento y tiene que seguir existiendo. Lo que sí es un hecho es que hoy hay demasiada repetición y demasiado espacio ocupado por cosas que no están generando valor nuevo.

    ExpoGan ya tiene el tamaño y el impacto para subir de nivel. Tiene la capacidad de atraer marcas que no vienen a poner una lona y ya, sino a construir experiencias completas. Espacios donde la gente no solo pasa, sino se queda, descansa, convive, consume y genera contenidos y recuerdos. Hoy esos espacios existen, pero están aislados, como casos sueltos. Lo que hace falta es que eso se convierta en modelo y que empiece a replicarse de forma intencional.

    Cuando empiezas a ver esto desde el lado de las marcas, también cambia completamente la perspectiva. Hoy muchas marcas están presentes, pero no están realmente involucradas. No es lo mismo poner un logo que operar un espacio. Cuando una marca mete inversión fuerte, cuida lo que construye, activa todos los días, trae equipo, trae ideas y se preocupa porque funcione. En ese momento deja de ser un patrocinador y se convierte en parte del sistema del evento.

    Y aquí entra algo que me ha tocado ver de cerca, platicando con gente dentro de la misma ExpoGan. Todavía existe esta mentalidad de “ventas de publicidad”. Siguen viendo a las marcas como si estuvieran comprando un espacio para anunciarse, como si fuera un espectacular o un banner digital. Y no, eso ya no es así. El patrocinio no es publicidad. El patrocinio es una sociedad comercial.

    Cuando tú le vendes a una marca como “publicidad”, la marca te compra espacio. Cuando tú le planteas un patrocinio como debe ser, la marca se involucra, se compromete, invierte y busca retorno contigo. Cambia completamente la conversación, cambia el tipo de cliente que atraes y cambia el nivel de ejecución dentro del evento.

    Y aquí es donde está una de las claves más importantes de todo esto. La evolución no empieza en el layout, ni en los stands, ni en las marcas. Empieza en la cabeza de la gente que opera el evento. Si las personas que están dentro siguen pensando igual que hace diez años, todo lo demás se va a seguir viendo igual, aunque le metas más marcas o más dinero.

    Si no cambias la visión de los colaboradores, no cambias la visión de la ExpoGan. Y si no cambias eso, tampoco cambias la experiencia de la gente que va. Todo termina siendo lo mismo, año tras año, solo más grande.

    Por eso, cuando hablas de meter “pesotes”, también estás hablando de elevar el nivel de conversación interna. De dejar de vender espacios y empezar a construir relaciones comerciales reales. De dejar de pensar en corto plazo y empezar a diseñar valor que dure más allá de un mes de feria.

    Y siendo honestos, la ExpoGan ya está en un punto donde no puede cargar sola con toda la operación de la experiencia. No se trata de soltar el control, sino de repartir responsabilidad con aliados que tengan dinero, experiencia y músculo para ejecutar. Que haya marcas que se encarguen de zonas completas y que se vuelvan responsables de que esa parte funcione al nivel que el evento necesita. Eso no solo sube la calidad, también mete orden, control y más ojos encima de lo que está pasando.

    Aquí hay otro tema que vale la pena poner sobre la mesa. La ExpoGan ya no es solo un evento, es una marca. Y como marca, tiene la posibilidad de empezar a jugar en otro nivel. Desde el manejo de zonas con identidad propia hasta alianzas más profundas con marcas que puedan elevar el estándar de ejecución. No se trata de vender el naming ni de perder esencia, se trata de sumar capacidades. Cuando dos marcas bien alineadas trabajan juntas, no se estorban, se potencian.

    Ahora, hay un punto que ya no se puede ignorar y que va más allá de la experiencia o el negocio. Estamos hablando de días con más de 60,000 asistentes, sin contar a toda la gente que trabaja ahí. Entre toda esa gente no solo hay adultos pisteando o caminando, también hay familias completas, hay niños, hay gente mayor. Están los juegos mecánicos, la zona de ganado, las exhibiciones, todo ese componente familiar que siempre ha sido parte fundamental de la ExpoGan.

    Y ahí es donde el nivel de responsabilidad cambia completamente. No estás operando solo para adultos que van a pistear y a bailar, estás operando para familias enteras que confían en que pueden ir, recorrer, dejar que los niños se suban a juegos, ver vacas y chivas (sin agraviar), caminar tranquilos. Cuando lo ves así, cualquier tema de saturación, de instalaciones improvisadas o de falta de control deja de ser un detalle operativo y se convierte en un riesgo real.

    Entre instalaciones eléctricas, gas, estructuras temporales y pasillos llenos, cualquier cosa mal manejada puede escalar rápido. No es exageración, es lógica. Entonces otra vez, reducir lo repetitivo no solo mejora la experiencia, también reduce el riesgo. Menos saturación significa más espacio por persona, mejores rutas, más visibilidad y mayor capacidad de reacción si algo llega a pasar.

    Y los “pesotes” también ayudan aquí. Una marca grande no improvisa, trabaja con estándares, con procesos y con cierto nivel de orden que termina elevando todo alrededor. No es solo que se vea mejor, es que funciona mejor.

    Claro que esto es negocio, nadie se está haciendo wey con eso. Todo mundo quiere su parte y todo mundo quiere facturar, pero cuando un evento llega a este tamaño, no puedes operar solo pensando en el ingreso inmediato. Hay demasiadas variables en juego y cualquier error puede pegar en todos los frentes al mismo tiempo.

    Por eso el siguiente paso no es vender más espacios, es hacer mejor lo que ya tienes. Y en medio de todo esto hay algo que se está dejando en la mesa de forma brutal: la data. Toda la gente que entra a la ExpoGan no solo representa consumo en ese momento, representa información. Con espacios bien diseñados y estrategias claras, puedes generar bases de datos, leads reales y seguimiento después del evento. Ahí es donde el impacto se convierte en negocio de largo plazo.

    Incluso el tema de influencers cambia cuando lo ves así. Dejan de ser invitados para la foto y se convierten en parte de una estrategia que mueve gente, activa dinámicas y amplifica lo que pasa dentro de cada espacio. Cuando todo eso se conecta, dejas de tener acciones aisladas y empiezas a tener un sistema funcionando dentro del evento.

    Pero hay algo que no se puede perder en todo este planteamiento, y es lo que hace que la ExpoGan sea lo que es, sobre todo aquí en Sonora. La feria también es ir vestido de vaquero como te dé la gana, pistear con los compas, sacar cura, bailar aunque no le sepas y perderte entre la gente. Sí, la gente se pone peda, y eso no es algo que haya que corregir, es parte del folclore y de la experiencia misma.

    Eso no se toca. Se respeta, porque si le quitas eso, le quitas el alma al evento. El punto nunca ha sido hacer la ExpoGan más elegante o más corporativa, el punto es ordenar lo que ya existe para que funcione mejor. Que puedas seguir yendo con tus compas, pero también con tu familia, con tus hijos, con la tranquilidad de que todo está mejor pensado.

    Al final del día, la ExpoGan ya creció y eso ya nadie lo discute. Lo que está en juego ahora es qué tan bien se administra ese crecimiento. Porque el valor ya no está en cuánta gente entra, sino en qué tan bien manejas todo lo que pasa con esa gente una vez que está adentro. Ahí es donde se define si esto se queda como una buena feria… o se convierte en algo mucho más grande.


    Al final del día, todo esto que te platiqué no es teoría. Es lo que veo, lo que vivo y lo que platico constantemente con gente del medio, con marcas y con quienes están metidos en este juego.

    Si tú estás del lado de alguna marca y te interesa entender mejor cómo entrarle a patrocinios, qué opciones hay allá afuera o simplemente quieres ordenar ideas, con todo gusto lo platicamos. A mí, el simple hecho de sentarme a hablar con gente de este mundo ya me suma, ya me deja algo, así que no hay pierde.

    Mándame un WhatsApp al 6624-05-8914 y lo vemos sin rollo.

    Y si no es de negocio, también. Si es para platicar, conocer gente nueva o hasta para ir por unas cheves y echar la comenta, también jalo.

    Estoy a la orden. Échenme un grito.

  • Todo el día cuenta

    Meses con la muñeca jodida… y no es solo por el gimnasio

    Todo empezó en el gimnasio, como muchas cosas a esta edad. No fue un mal movimiento específico ni un día donde algo tronó. Fue más bien la suma de varias semanas cargando, empujando, jalando, sin mucha atención en detalles que antes no me importaban tanto. No usaba muñequeras, no usaba straps, y la muñeca ahí iba aguantando hasta que empezó a avisar.

    El dolor empezó del lado derecho, cargado hacia la zona del meñique. Al principio era leve, algo que sentía cuando terminaba ciertos ejercicios o cuando cambiaba el agarre, pero nada que me sacara del entrenamiento. Seguí como si nada, porque la realidad es que puedes seguir. Ese es justo el problema, que no te obliga a parar, entonces lo vas arrastrando.

    No era algo constante tampoco. Iba y venía. Había días donde ni me acordaba y otros donde sí decía “ahí estás otra vez”. Y como no soy ningún morro de 16 años que esté dándole más uso del necesario a la muñeca fuera de lo normal, pues en mi cabeza no había una razón clara para que estuviera molestando tanto. Era simplemente algo que estaba ahí, intermitente, sin terminar de explotar.

    Pero también empecé a notar algo más amplio. No era solo la muñeca. Traía molestias en el antebrazo, un dolorcito en el cuello, otro en el hombro. Nada que me detuviera, pero sí lo suficiente para darte cuenta que el cuerpo ya venía acumulando cosas. Y siendo honesto, tampoco había hecho una descarga real en meses. De esas donde bajas intensidad, donde dejas que el cuerpo respire. Simplemente seguí yendo, seguí empujando, porque mientras puedas, sigues.

    Hasta que algo empieza a estorbar más de lo normal y deja de ser algo que puedes ignorar sin consecuencias.

    Había días donde terminaba de entrenar relativamente bien, incluso sintiendo que la molestia bajaba conforme avanzaba la rutina. Entre que la zona se calentaba y empezaba a circular más sangre, el dolor se volvía manejable y podía cerrar el entrenamiento sin sentir que estaba empeorando algo. Eso también te engaña, porque sientes que vas bien y que el cuerpo está respondiendo.

    Pero en la noche era otra historia, y eso fue lo que me empezó a prender focos. Ya más tranquilo, sin movimiento, empezaba a doler mucho más. Y no solo en reposo, sino durante el día también, sobre todo cuando estaba trabajando. Yo trabajo desde home office, le ando jugando al emprendedor, entonces ahí empezó a aparecer otro patrón que no estaba viendo al inicio. El mouse, el celular, el teclado… movimientos pequeños, constantes, repetidos durante horas. Nada pesado, nada que en teoría te debería afectar, pero ahí era donde más se encendía el dolor.

    Ahí fue donde empecé a meterle más cabeza al tema, porque ya no cuadraba pensar que todo venía del entrenamiento. Me puse a leer, a tratar de entender qué estaba pasando, y algo que me hizo mucho sentido fue la diferencia entre cómo responde el músculo y cómo responden los tendones. El músculo puede doler, sí, pero también se recupera relativamente rápido porque tiene flujo de sangre, responde, se adapta. En cambio, los tendones juegan con otras reglas, son más lentos, son puro colágeno, tienen menos irrigación, y eso hace que cualquier sobrecarga se tarde mucho más en sanar.

    Entonces se empieza a armar un desfase que es bien engañoso. Tú sientes que el músculo ya está bien, que ya puedes volver a cargar, que ya puedes empujar otra vez con normalidad, pero el tendón todavía no está listo. Y mientras tú te guías por esa sensación de “ya estoy bien”, le sigues metiendo carga a algo que sigue en proceso de recuperación sin darte cuenta.

    Ahí es donde se empieza a complicar todo, porque no es un dolor que te frene en seco. Es un dolor que te acompaña mientras sigues avanzando, y poco a poco lo vas empujando más allá de donde debería. Lo vas normalizando hasta que un día te das cuenta que ya no es una molestia leve, sino algo que ya te está afectando en tu día a día más de lo que pensabas.

    Y en mi caso, lo más claro fue entender que no era solo el gimnasio. Era todo el día. Era la suma de cargar, más no descargar, más seguir usando la misma zona durante horas sin parar en cosas que parecen insignificantes, pero que al final del día son las que más repites.

    He hecho ajustes, claro. He cambiado rutinas, he bajado cargas en ciertos movimientos, he tratado de ser más consciente con cómo agarro la barra, con cómo muevo la muñeca. Todo eso ayuda, pero también llega un punto donde te das cuenta que estás intentando resolver algo más complejo a pura prueba y error.

    Y ahí es donde cambia la conversación.

    Porque sí, puedes seguir moviéndote, puedes seguir entrenando, puedes seguir ajustando, pero eso no sustituye el hecho de que necesitas que alguien que sabe vea qué está pasando realmente. Alguien que no esté adivinando, que no esté suponiendo, que te diga exactamente qué tienes, qué puedes hacer y qué necesitas dejar de hacer por un tiempo.

    Ese es el siguiente paso para mí.

    Dejar de intentar resolverlo solo y sentarme con alguien que se dedica a esto, que entiende el cuerpo desde otro nivel y que me ayude a salir de esto de la manera correcta, no a medias y no a punta de autoaprendizaje.

    Porque si no lo haces, no se queda igual, se va acumulando. Y ese tipo de problemas, cuando los dejas correr, rara vez se hacen más pequeños con el tiempo. Más bien crecen en silencio mientras tú sigues con tu rutina pensando que lo traes bajo control.

    Yo sigo entrenando, no he parado, pero ya no lo estoy viendo igual. Ya entendí que no todo se resuelve con aguantar más o con ajustar sobre la marcha. Hay momentos donde lo más inteligente no es seguir empujando, sino apoyarte en alguien que sí sabe cómo regresarte a un punto donde puedas volver a cargar bien sin estar arrastrando algo detrás.

    No lo tengo resuelto todavía, pero al menos ya dejé de hacer como que no pasa nada y empecé a tratarlo como lo que es. Y eso, para como venía, ya cambia completamente el panorama.

    Si mientras leías esto pensaste en alguien que trae una molestia parecida, o que anda en las mismas de entrenar, trabajar y sentir que el cuerpo ya no responde igual, pásale este artículo. A veces uno no se da cuenta de lo que trae encima hasta que lo ve reflejado en alguien más.

    Y esto no se queda aquí. En la segunda parte te voy a contar qué pasó cuando decidí dejar de improvisar y fui a que alguien que sí sabe me dijera exactamente qué está pasando y cómo salir de esto bien.

Oye Yulai!

Aquí se entrena, se piensa y se ejecuta

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